Ni un kilómetro llano. Ehh. Pero ni uno. El recorrido de la Mussara Reus es una auténtica emboscada. Como las etapas esas del Tour y La Vuelta en las que se rompe el pelotón sin haber grandes puertos. No lo dijo ni uno ni dos de los cicloturistas que el domingo 31 de octubre acabó alguno de los tres recorridos de la Mussara Reus, sino la mayoría de los 3.000 que acabaron la primera edición post pandemia. 


Algunos. Los repetidores de Mussara Reus, no habían olvidado que la dureza del recorrido. Para los nuevos fue toda una sorpresa. Porque sobre el papel los 3.400 metros de desnivel en 188 kilómetros de la distancia más larga o los 2.500 en la de 135 no parecen tantos. El problema es cuando te das cuenta que hay que restar unos 15 kilómetros de salida, que si son casi llanos y otros tantos a la llegada, que prácticamente también. Entonces lo que hay en medio se queda como un territorio comanche, perfecto para jugar a ciclistas (y sufrir, claro).

Foto. Mussara Reus

Para el cicloturista no es complicado imaginarse que está en una etapa de Tour o de La Vuelta. Aunque por hacer similitudes con el recorrido sería mucho más similar a Lieja-Bastogne-Lieja. El ambiente de los dos días previos en la Fira de Reus, las caras de tensión-ilusión de los cicloturistas y, por qué no, los ŠKODA Enyaq rotulados de rojo con las mismas pegatinas que el coche del director del Tour de Francia o los coches de asistencia de SRAM. Todo sirve para evocar que estás ante un momento ciclista importante.

Lo que si cambia es la competición. En este caso la ausencia de la misma. Desde hace varios años Musarra Reus prescindió del chip y no hay clasificaciones oficiales del evento, ni podio, ni premios. Lo cambiaron por los segmentos de Strava. Ya no hay cicloturista que no tenga un GPS en su bici y no utilice esta aplicación, Así que solo tenía que registrarse en la app LiveMussara de Strava y conectar el dispositivo al empezar y al acabar. Y nada más. Con eso al llegar al meta podía ver el tiempo que había hecho en los distintos segmentos previstos por la organización, desde la ascensión a la Mussara o al temible Mama Por.

Ni un metro llano

En Mussara Reus compites contra ti mismo. Bueno, también te puedes picar con el resto de los participantes. Sobre todo porque hay muchos tramos con el tráfico controlado o con tráfico escaso. También porque la salida va por cajones de unos 200 ciclistas separados por 4 minutos (en total salimos unos 3.000) y eso permite que no haya nunca un pelotón demasiado grande y que se pueda circular sin problemas por el lado derecho de la carretera. Además el recorrido es tan versátil que disfrutan los escaladores y a los que les gusta bajar, porque está repleto de descensos técnicos.

Así que el reto estaba lanzando. Final de temporada. 31 de octubre. Una fecha extraña para una cicloturista de carretera, pero esto de la pandemia y los aplazamientos es lo que tiene. Hay que aprovechar el momento y pedalear en cuanto se puede. Mussara siempre había sido en mayo o junio. Había dudas con el tiempo, la lluvia, el viento… pues nada de nada. Acabó saliendo un día espectacular. Vamos, que a las 08.00 (que bien nos vino a algunos el cambio de hora) cuando se daba la salida había ya 18 grados en Reus y ausencia de viento. Manguitos y chaleco, y porque había que afrontar algunas bajadas. Que los más valientes incluso salieron de verano.

Los primeros kilómetros hasta que sales de Reus y llegas al pie de La Mussara son planos. Vale, pero no. Siempre van al 1%. No se nota porque vas en pelotón, pero cuando coronas el puerto (y más si has subido a todo lo que te da el cuerpo) te das cuenta de que en solo 25 kilómetros llevas ya casi 1.000 metros de desnivel acumulado. Pues bien, en los 130 kilómetros siguientes, hasta que se cierra el bucle con la ascensión a La Mussara por la vertiente norte, su suman otros 2.500 metros de desnivel más. En el perfil parece que hay tramos planos… ni uno.

Porque nada más coronar La Mussara se llanea y después hay una bajada corta, por carretera estrecha y rapidísima en la que dices. Vale, voy a descansar. Pero tienes cuatro o cinco repechos seguidos que todavía no quitas el plato porque vas fresco, pero empiezas a dudar. Y llega el Coll de Picorandan, que pone 3,7 kilómetros al 6,7%, pues oye, no parece tan duro. Pero cuando acaba, pues no acaba. Sino que tiene un falso llano (nota. falso llano quiere decir que siempre pica hacia arriba) de otros ocho kilómetros de regalo.

Foto. Mussara Reus

Luego ya si. Viene una bajada y haces grupetta. De esas de vamos a dar pedales todos juntos y a pasar al relevo porque ahora viene el plano. Pues tampoco. Paso Giro de Italia por Prades (con repecho incluido), otra bajada, una carretera estrecha más y dos repechos (el último de dos kilómetros al 10%, así, de gratis). Y lo que iba a ser una grupetta de desconocidos con un fin común se convierte en un sálvase quien pueda.

Para el kilómetro 115 hay que parar en el avituallamiento. Hay bocatas de nutella, magdalenas, gominolas e isotónico de Etixx. Y bueno, que hace falta repostar agua y dejar la bici al mecánico para que le eche un vistazo. Que no todo va a ser correr. También mirar el paisaje, rodeado de montañas. Que es bonito, sí, pero también supone que para volver a Reus hay que atravesar otras tantas.

De Torroja a Escaladei no ponía que había un puerto. Ya, si no es subida continua. Subes y bajas. Vale vale. Pero carretera estrecha y luego después al mirar en Strava dice que en seis kilómetros hemos subido otros 300 metritos. Y cuando salimos a la carretera ancha pues empieza a soplar un poco el viento y quedan otros dos repechos más.

Mama Por, un puerto que son tres

Pues bien. Todavía no había empezado la ‘fiesta’ de verdad. En Mussara Reus se llama Mama Por y es un puerto, dos o tres. Como lo quieras dividir. El caso es que giras a la derecha si vienes del recorrido de 188 o a la izquierda si lo haces desde el de 135 y te encuentras con un tramo de cemento (eso siempre es malo) que mira hacia el cielo. Si sumas los primeros 700 metros, pues van al 14% de media, si estiras hasta el kilometro y media de subida, pues al 11% de media, si vas hasta los 3,3 kilómetros baja al 8% y si quieres incluir algún llano más, 6,6 kilómetros al 5%. Evidentemente, esta última no refleja en nada la dureza. Simplemente, hay que meter todo el desarrollo que tengas desde el inicio… e intentar esquivar a los que acaban echando el pie a tierra.

Pero claro. Después de Mama Por no hay llano. Vale, puedes bajar piñones, pero quedan otros cinco kilómetros del Coll de Pinedes. Al 5% de media. Ya vale, pero con el cansancio acumulado cada vez que miras al Garmin ves el 9 y el 10% y sientes que eso del GPS hay a veces que falla. Y al coronar. Pues un poquito de ‘llano’ más hasta el último avituallamiento de La Mussara.

A partir de ahí es todo bajada. Cierto. Bueno, a medias. Todavía quedaba pasar por otro falso llano hasta Albiol para probar adoquines en descenso, disfrutar de los ‘tornatis’ de La Mussara hacia abajo y ‘volar’ y pelearse contra el viento camino de Reus. Así que había que seguir gastando vatios antes de entrar en meta.

Y al llegar al final empiezas a hacer paralelismos con la Lieja. Te das cuenta de que el Mama Por se te ha hecho igual de duro (o más) que La Redoute. Que los ‘falsos’ llanos después de las cotas son iguales que el de la Roche Aux Faucons donde se acaba decidiendo La Decana. Y que hay un montón de Cote de Saint Roche y ‘Stockeus’ en el territorio Mussara. Y que cuando miras el Training Peaks te dice que has hecho un tiempo y un gasto similar que en la Maratona dls Dolomitas. Así que no está nada mal para acabar la temporada 2021 de carretera.