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A medida que aumenta el número de personas que se desplazan en bicicleta, y ante la limitación de las formas de viajar durante la pandemia de Covid-19, EuroVelo se prepara para la que podría ser au mayor década de su historia. Lanzada en la década de los 90, ha dado pasos adelante para conectar Europa por rutas ciclistas, a través de sus asombrosos 90.000 kilómetros de rutas -la mayor de su clase en el mundo- en 42 países.

Dirigida desde Bruselas por la Federación Europea de Ciclistas (ECF), en las últimas tres décadas han creado 19 rutas que dividen el continente en dos direcciones. El ambicioso proyecto ha tenido sus obstáculos para echar raíces a lo largo de los años, como es lógico, debido a su complejo diseño transnacional. Pero que se está retocando y mejorando continuamente.

Marta Orihuel es una de las responsables del proyecto EuroVelo, que ayuda a desarrollar sus rutas, convirtiéndolas en el corazón de la industria del cicloturismo en Europa.

“Las 12 rutas ciclistas iniciales se lanzaron en 1997, y EuroVelo fue gestionado por primera vez por la ECF, Sustrans (organización benéfica de ciclismo en el Reino Unido) y Foreningen Frie Fugle (Dinamarca).

“Desde 2007, la red EuroVelo ha sido gestionada por la ECF en cooperación con una red de Centros Nacionales de Coordinación y Coordinadores de EuroVelo (NECC/Cs) y varios socios del proyecto. En la actualidad hay 22 NECC/Cs, que entre todos cubren una parte importante de la red EuroVelo”.

Conseguir que todos estos organismos nacionales se sumen a EuroVelo ha llevado su tiempo, pero la ventaja para estas naciones europeas es evidente. En 2016, el sector del cicloturismo generó 63.000 millones de euros y esta cifra no ha hecho más que aumentar en los últimos cinco años.

Marta es una ávida ciclista y espera que en los próximos años se produzca una revolución ciclista en todo el continente. Nos lo explica: “Algunos datos que hemos recopilado del uso en las rutas de EuroVelo destacan un aumento del 16% en el uso de las rutas por parte de los ciclistas de ocio en comparación con 2019”.

“Los estudios de la ADFC (Asociación de Ciclistas de Alemania) y otros de los Países Bajos y Francia respaldan la tendencia. Viajar en bicicleta está ganando impulso”.

Las rutas en sí varían en dificultad, desde la épica Ruta 7, que se extiende desde el punto más septentrional de la Europa continental en Noruega hasta Malta, hasta sus rutas fluviales más benignas en el Ródano, el Rin y el Mosa.

Estas rutas más pequeñas están siendo muy populares entre los ciclistas de ocio, y Marta cree que esto podría ser la introducción que mucha gente necesita a EuroVelo y al cicloturismo.

Continúa: “Te permite explorar tu propio país y otros países con una baja huella de carbono, a la vez que impulsas las economías locales. Los viajes del futuro necesitan más ciclismo y formas respetuosas con el medio ambiente y la sociedad para conectar con los destinos turísticos, al tiempo que se impulsan las economías locales”.

Más allá de las cifras y las estadísticas, el hecho de unir Europa por rutas ciclistas tienen también un aspecto increíblemente romántico. La libertad y la independencia que estas rutas proporcionan a las personas es increíblemente poderosa, al igual que las historias que comparten quienes las recorren.

Una de ellas es la historia de Ida Riegels, que recorrió EuroVelo 15 con su bicicleta y su violonchelo. Durante todo el tiempo que pasó en la bicicleta, creó música inspirada en su entorno natural.

 

Otra es la de una pareja que recorrió no una, sino cuatro rutas desde su casa en Londres hasta Turquía. Su afición al cicloturismo continúa años después y, ahora, se disponen a llevar a su primer hijo en sus futuras aventuras.

Ambas historias muestran lo liberador que puede ser este tipo de ciclismo, en carretera abierta y lejos de tu entorno habitual.

Marta termina: “Muchos países se unen para trabajar en este proyecto, y eso es algo muy potente porque hay mucha colaboración transnacional. Queremos impulsar el cambio en toda Europa y conseguir que cada vez más gente se suba a la bicicleta, sea quien sea”.

Este proyecto de unir Europa por rutas ciclistas lleva mucho tiempo gestándose, y la ECF se ha fijado el objetivo de que esté casi terminado en 2030. Si tiene éxito, podría remodelar la forma en que nos conectamos con Europa y cómo vemos el continente: un espacio conectado, listo para ser explorado a tu propio ritmo.