En la región belga de Flandes cualquier cosa que huela a ciclismo aglutina masas. Es el deporte nacional y no solo el de carretera, como se podría pensar. Allí se sigue con la misma pasión el Tour de Flandes, el Giro de Italia, que los 6 días de Gante de pista o toda la temporada de ciclocross. Las razones, pues voy a intentar desentrañarlas.

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El ciclismo siempre ha sido una referencia en Flandes, pero claro, con la llegada del invierno, del frío y de la lluvia muchas de sus carreteras y zonas de adoquines se convertían en auténticas pistas de barro. Los inviernos de Flandes comienzan en octubre y acaban pasado marzo y eran demasiados meses sin poder entrenar en bici de carretera, por eso el ciclista profesional y aficionado de Flandes se hizo una competición a medida.

Como el terreno estaba embarrado, pues bicicletas de carretera con tacos (muchos años antes de la invención del MTB) y carreras cortas, de no más de dos horas, para que el ciclista y el aficionado no pasara demasiado frío, y en circuito, claro, igual que los Criterium que en el verano reunían a los ciclistas después del Tour. Una opción más a las carreras de pista al estilo de los 6 días de Gante y que permitía a los aficionados seguir teniendo ciclismo en invierno y a los profesionales no perder la forma antes de carreras tan importantes para ellos como la Het Volk de finales de febrero o el Tour de Flandes de principios de abril. Eso si, la afición y los inicios los compartieron con el norte de Francia, con un clima y condiciones similares.

Desde su nacimiento como disciplina en los Mundiales en 1950 han conseguido 30 medallas de oro, por 10 de Francia, y eso que no comenzaron a sumar hasta 1968 con el mítico Eric De Vlaeminck, que ganó siete. Y si miramos los últimos 25 años solo Stybar, Lars Boom y Van der Poel (de padre belga aunque nacionalidad holandesa) han conseguido ganar un oro sin llevar el maillot de la selección belga. No en vano, desde 1997 siempre ha habido un belga en el podio del Mundial masculino.

Además, como suelen ser un éxito de público, los Mundiales cada cuatro o cinco años se celebra en Flandes. Y cuando se celebran en algún pais cercano la afición más numerosa suele ser la suya, con las banderas amarillas y león rampante.

En Flandes el ciclocross se ha convertido en una atracción más para los aficionados, que copan las cunetas con su cerveza, igual que en el Tour de Flandes, para vivir las carreras a pie de barro. Da igual que haya dos grados bajo cero y esté lloviendo. Siempre hay público con botas de agua animando. Una fiesta de fin de semana para un país que se desplaza en bicicleta a diario. Aderezada con cerveza, la bebida nacional, y música en muchos casos.

Tal es el ambiente que de la Copa del Mundo de 2019/2020, la prueba más importante después del Mundial, de las nueve pruebas que la componen tres se disputaron en Bélgica Koksijde, Namur y Zolder.  La siguiente es el Superprestigio, con nueve carreras que se disputan todas en Bélgica, al igual que el Trofeo DVV con otras ocho pruebas belgas. Así que desde mediados de octubre hasta mediados de febrero raro es el fin de semana que no hay una carrera de ciclocross en Flandes o alrededores.

Pero esa afición también está apoyada desde abajo con las escuelas de ciclismo. La mayoría en invierno lleva a los niños a hacer ciclocross e incluso hay algunas especializadas en la materia, como la del mítico Sven Nijs, que es una auténtica celebridad en Flandes, casi a la altura de Tom Boonen.

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