Un mito de siempre y otro nuevo. Tourmalet francés y Angliru asturiano. Dos montañas icónicas para dar lustre a una Vuelta que arranca en Holanda con una crono por equipos y dos etapas llanas y acaba con una última semana menos montañosa de lo habitual con dos etapas planas en Portugal y solo un final en línea en La Covatilla el penúltimo día, lo otro será una crono plana durante 30 kilómetros con los tres últimos de ascensión al Mirador de Ézaro

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Lo que sí queda descartado en esta Vuelta 2020 es el formato de llegadas en subidas cortas y de porcentajes imposibles. En cambio hay ocho finales en alto y tres etapas muy peligrosas con puertos a solo 15 kilómetros del final. También terreno para jugar a ciclistas con el viento por Orense, Palencia, Zaragoza o Salamanca. Días de esos que en el imaginario de la Vuelta 2019 estaban marcados como de siesta larga y acabaron siendo un espectáculo con llegadas en Guadalajara y Toledo.

Se modifica también la perspectiva con la que deberán afrontar la carrera los favoritos, que hasta después del Giro y el Tour no confirmarán su presencia. Pero a los escaladores su penúltima oportunidad puede ser el fin de semana asturiano, con Farrapona y Angliru, porque la crono de Ézaro tiene más de llaneo que de subida y será favorable a los croners y el última en La Covatilla suena demasiado aventurado como para jugarse allí toda la carrera.

De Holanda al Tourmalet

La primera semana de La Vuelta la presentó Miguel Indurain junto a Perico y Carlos de Andrés. Se sale de la región holandesa de Brabante, que es totalmente plana. Las únicas colinas están al sur, en Maastricht. Por eso el trazado es sencillo. Crono por equipos de 23 kilómetros el viernes 14 de agosto en Utrecth, revirada y de látigos. Al día siguiente más látigo entre ‘s-Hertogenbosch y Utrecht y el último día más de lo mismo con salida y llegada a Breda. Tensión y peligro de viento y caídas para los primeros 400 kilómetros de La Vuelta. Descanso el lunes 17 para volar al País Vasco.

La montaña arranca el martes 18 de agosto con un final en alto icónico del País Vasco, Arrate, tras pasar por Udana, Kampazar y Karabieta. Una jornada que podría firmar la Itzulia, pero si el frío de abril. Al dia siguiente etapa por Navarra con la cima del durísimo San Martin de Aralar a solo 15 kilómetros de la meta, peligro asegurado. Y para acabar el primer tríptico de montaña la llegada inédita a la Laguna Negra de Vinuesa, en Soria (ojo, no son las Lagunas de Neila de la Vuelta a Burgos).

Tranquilidad o viento en la llegada a Ejea de los Caballeros y fin de semana de montaña aragonés. Primero en una jornada diferente, con salida en Huesca y final en Sabiñánigo y tres últimos puertos para emboscadas, Vio, Fanlo y Petralba, con la cima a 25 de meta. Diseño made in Fernando Escartín. Y el domingo 23 de agosto una etapa con la que soñaría cualquier ciclista, salida en Biescas y paso por Portalet, Aubisque, Soulor y final en el Tourmalet. Allí nunca había acabado La Vuelta y no volvía desde aquel 1992 en el que Perico se llegó a parar a poco de coronar después de oir como Mínguez le decía a Montoya que le siguiese a todos los sitios.

Esperando al Angliru

Después de la segunda jornada de descanso llega la etapa alavesa, con salida en Vitoria y doble ascensión a Orduña, el puerto en el que se jugaban la carrera en los años 70, cuando el organizador era el Diario Vasco y las vueltas acababan en Bilbao. Peligrosa porque el terreno es pestoso y la cima está a solo 18 kilómetros de meta. La idea, de Joseba Beloki, que se conoce el territorio como la palma de su mano.

La tercera llegada inédita es Moncalvillo, una cima riojana que solo vio un duelo en los noventa con el Chava como triunfador. Con ese apellido es fácil saber que los últimos tres kilómetros no bajan del 10% y que antes el asfalto está parcheado, como dejaron ver en el vídeo de presentación Fernando Escartín, Kiko García y Carlos Coloma.

Etapa llana al día siguiente con final en Aguilar de Campoo (Palencia) y zona repechera y con viento en la costa cántabra el viernes 28 de agosto con llegada a Suances. Serán la antesala de las dos etapas que van a decidir buena parte de la Vuelta 2020.

En esta edición el encadenado asturiano presenta dos jornadas diferentes. La primera el sábado 29 de agosto es netamente para escaladores fondistas. Salida en Villaviciosa, 170 kilómetros y más de 4.000 metros de desnivel con Alto de La Campa para hacer la escapada, Colladona, La Cobertoria (por su lado más duro), San Lorenzo y final en La Farrapona, donde ganó Alberto Contador en 2014 y sentenció su única victoria frente a Chris Froome.

La llegada más dura, que no la etapa, es la del domingo 30 de agosto. El Angliru volverá a ser juez de una Vuelta a España. Desde que apareció, también con el Chava como testigo, nunca ha dejado indiferente la carrera. Esta vez el encadenado anterior es menos duro, Padrun, San Emiliano, La Mozqueta y Cordal, pero eso si, en solo 106 kilómetros de etapa no queda ni un kilómetro llano antes del Angliru.

Ézaro y La Covatilla

La última jornada de descanso supondrá el traslado a Muros para afrontar una crono más que especial. Alejandro Valverde, encargado de presentar la última tanda de etapas, ya dijo que no será sencilla de afrontar y que hará falta cambiar la bici de crono por una ultraligera. ¿Cual es la razón? Que La Vuelta ha preparado una contrarreloj de 33 kilómetros, 31,5 de ellos prácticamente planos por la costa de Muros (ojo al viento) en los que la aerodinámica será fundamental, pero el final es una subida imposible como el Mirador de Ézaro, de 1,5 kilómetros y con rampas del 22%, donde penaliza mucho un ‘armatoste’ aerodinámico como la ‘cabra’. Ya tienen trabajo entrenadores, ciclistas, directores y mecánicos para ese dos de septiembre.

La Vuelta sigue por Galicia con un final en Ourense después de 205 kilómetros (la etapa más larga) y tres puertos de montaña de tercera y un montón de repechos. Al dia siguiente entra en el cuarto país, Portugal, desde Mos y para acabar en Porto Matosinhos. Y el viernes 3 de septiembre para de Viseu para finaliza en Ciudad Rodrigo. Y quizás en este triptico la carrera echará de menos algo más de montaña, a no ser que el viento hagas de las suyas.

La decisión final llegará por segundo año consecutivo en el macizo Central. Si en 2019 fue la inédita Gredos en 2020 será La Covatilla, visitada con asiduidad desde finales de los años 90. La etapa, de 175 kilómetros y 4.000 metros de desnivel no deja lugar al descanso. Portillo de las Batuecas, tres terceras y la subida desconocida al alto de La Garganta para terminar en la dura y ventosa Covatilla, que dejará el maillot rojo de la 75 edición de La Vuelta decidido antes del final del 6 de septiembre en Madrid.

 

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