SLa Lieja Bastogne Lieja siempre es dura. La Decana une distancia (siempre más de 250 kilómetros), metros de desnivel y un terreno que agota las fuerzas de los ciclistas. Muros de no más de cuatro kilómetros de subida, pero ni un centímetro de carretera llano para recuperar. Siempre en tensión. O para arriba o para abajo. Un rompepiernas continuo que lleva a sumar siempre más de 4.300 metros de desnivel en la ‘plana’ Bélgica. Unos números de etapa de alta montaña del Tour.

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Si a la dureza de la orografía de las Ardenas se une el clima, siempre extremo, el resultado es una carrera brutal que deja imágenes de cansancio, frío y el catálogo completo de la ropa de invierno e impermeable de todos los equipos ciclistas. Eso fue lo que sucedió en 2019. La organización había vuelta a rediseñar el recorrido. El sur de Lieja ofrece mil alternativas con las que jugar. Por primera vez en años se retornaba al final dentro de la ciudad, lo que aseguraba un descenso de cinco kilómetros por la Universidad de ST Tilman y un final plano por las calles de Lieja. Pero antes, había espacio para jugar.

Esta vez descartaron Saint Nicolás y Ans, las dos subidas finales, la recuperada Fermée Liberté y los kilómetros alrededor del circuito de Spa. En cambio Roche Aux Faucons era la última ascensión puntuable precedida por la recuperada Forges y justo antes La Redoute. Se repetía el encadenado Rosier y Maquisard, pero antes había cuatro ascensiones consecutivas que sirvieron para romper la carrera. Le Soir, Wanne, Stockeu (la cima Eddy Merckx) y la interminable Hautee Levee. Y de inicio, La Roche en Ardennes y la Cote de Saint Roche. Y en mitad de todo eso decenas de cotas no puntuables.

Para afrontar esos 266 kilómetros y 4.300 metros de desnivel el día amaneció lluvioso, con 3 grados de temperatura y con viento, frío claro. En la salida los ciclistas iban tapados hasta las orejas. Chubasquero, guantes de invierno, algunos dos pares, botines de agua, botines de invierno, guardabarros, casco con capucha, orejeras, chaqueta de invierno, perneras, camiseta interior….

En el kilómetro 140, en la Cote de Saint Roche, la mítica del inicio de carrera y justo después de pasar de Bastogne, la situación no había mejorado. Un 30% del pelotón ya estaba en los coches y los que seguían llevaban cara de sufrimiento por el esfuerzo que habían hecho… y sobre todo por la dureza que quedaba por delante.


En meta había dejado de llover, pero solo hacía unos minutos. Los ciclistas llegaban después de un descenso peligroso que estuvo a punto de dejar a Jakob Fulgsang sin el triunfo. Por detrás Davide Formolo y después pequeños grupos de no más de 10 integrantes. Casi ninguno sin manguitos. Algunos todavía con las perneras largas y con los guantes de invierno como Yates o Landa. La Lieja se había ido cobrando sus víctimas por el camino.

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