El Teide está a más de 3.700 metros de altitud y la carretera más alta a casi 2.500 metros. Cuando nieva es imposible subir y, sobre todo, bajarlo en bicicleta. La nieve nos impidió completar La Vuelta al Teide 2019… pero con solo 110 kilómetros acumulamos 3.000 metros de desnivel. Más que en cualquier cicloturista al uso.

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Y es que contra los elementos es imposible luchar. Bajar un puerto que está a casi 2.500 metros de altitud y de 40 kilómetros de descenso cuando en la cima hay nieve y temperaturas inferiores a cero grados es una osadía. Cuesta abajo y a 50 kilómetros por hora la sensación térmica disminuye 10/12 grados y al cuerpo del ciclista no le da tiempo a entrar en calor sin pedalear y no hay ropa ciclista, ni guantes, que aguanten eso. Por lo que la decisión de la organización de La Vuelta al Teide de cortar el desarrollo de la prueba en Santiago del Teide (kilómetro 70 de los 160 previstos) estuvo más que justificada.

Foto: La Vuelta Al Teide
Foto: La Vuelta Al Teide

 

La Vuelta al Teide en Strava hasta Santiago del Teide >

La neutralizada desde Santiago a los Realejos > 

Aún así se quedó una ciclodeportiva (estaba totalmente cerrada al tráfico y con voluntarios en cada cruce) con un recorrido y una dureza más que interesante. Toda por la zona norte de la isla, donde hay vegetación y paisajes de ensueño más que sorprendentes.

La situación en Los Realejos a las 07.00 la hora prevista para la salida, no era la más halagüeña. Llovía a cántaros. La previsión es que iba a mejorar, por eso la organización retrasó el inicio 20 minutos. Lo justo para no mojarse encima de la bicicleta. Aún así había que ir preparado con ropa impermeable por lo que pudiera pasar.

Lo mejor es que desde Los Realejos se empieza cuesta arriba. Casi 10 kilómetros para ‘entrar en calor’ y comenzar a quitarse algo de ropa. A poco que salió el sol la temperatura ascendió 12 grados, a los 20 habituales de la zona. Descenso rápido, mojado y revirado hasta Icod de los Vinos (no os imaginais la ventaja de tener frenos de disco en la BMC de alquiler) y desde allí otra vez hacia arriba hasta San José de La Vega. Otros seis kilómetros de esfuerzo para descender por los tornantis de Las Cruces hasta Garachico.

A partir de ahí llegaba el único tramo ‘llano’ del recorrido con suaves repechos hasta los Silos y un regalo en forma de tramo adoquinado cuesta arriba de 500 metros. Un Oude Kwaremont en miniatura en mitad de una etapa de alta montaña. No está mal. Quedaba llegar hasta Buenavista del Norte para completar la parte ‘sencilla’ de la marcha. El Garmin cantaba 45 kilómetros y 1000 metros de desnivel acumulado hasta el momento.

En las casi dos horas de marcha el día se había vuelto veraniego. Había que ir ya de corto para afrontar la primera parte de la ascensión al Teide, desde Buenavista hasta Las Portelas. Casi 12 kilómetros a una media del 6% con alguna rampa ‘escondida’ al 14%. Un Telegraphe que solo era la antesala de lo que en teoría esperaba por delante. Tiempo para mantener ritmo y ver como los más osados empezaban a pagar las alegrías del inicio.

Giro a la izquierda. Bajadita de dos kilómetros y otra subida de casi dos kilómetros al 9%. Estamos ya en Masca pregunta alguno. No. Todavía no. Y es que la ascensión a Masca es el Marie Blanque de los tinerfeños. En números son cuatro kilómetros a una media del 11%, con algún descansillo y también desniveles del 22%. Una auténtica pared que por sí sola no asustaría, pero si sabiendo que para llegar a ella habíamos ascendido 12 kilómetros y que después quedaban 40 más hasta la cima del Teide.

Foto: Santy Gonzalez

Lo mejor de Masca, si te da tiempo a mirar, son los paisajes. Riscos, vegetación, carretera sinuosa de alta montaña y a las espalda el mar y, como era un día despejado, se podía ver hasta la isla de La Gomera. Todo eso a la vez que jugaba con el desarrollo. 34×28, 34×30… Cáspita que ya no queda más.

El descenso, de solo 3 kilómetros, lleva a Santiago del Teide, el último pueblo para poder evacuar a los ciclistas hacia los Realejos. Y allí se acabó la versión cronometrada de la ciclodeportiva. En poco más de 67 kilómetros había salido 2.000 metros de desnivel. Es decir, la mitad de la prueba. Desde ahí se bajaba hacia Chío para afrontar 25 kilómetros continuos de subida hasta Las Narices del Teide. Era ese el final del puerto… No. Todavía hubiese quedado los 10 kilómetros de falso llano ascendente hasta el Parador y desde ahí otros cinco kilómetros más de subida hasta el Tabonal, a 2.340 metros de altitud. Solo entonces habríamos afrontado el descenso de 40 kilómetros (con un puertecillo de 3 kilómetros casi al final).

Después del reagrupamiento en Santiago del Teide quedaba ‘bajar’ a Los Realejos. Un auténtico eufemismo porque en los 43 kilómetros de descenso salieron 800 metros de desnivel positivo.  Primero los cinco kilómetros hasta San José y luego los 10 de ascensión hasta La Guancha. Meta, a disfrutar de la Feria Gastronómica y a mirar las fechas para el edición de 2020, que el Teide no se va a resistir.

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