Hay algo que hace que los aficionados al ciclismo (y los que no lo son) pasen el mes de julio pendientes de lo que ocurre en el Tour de Francia. Solo el Mundial de Fútbol o los Juegos Olímpicos cada cuatro años pueden distraer algo la atención, pero en julio el deporte mundial se llama Tour. ¿Cual es la razón? Pues eso es algo que vamos a tratar de explicar más abajo.

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Está claro que la historia del ciclismo empieza por el Tour de Francia y sigue con todo lo demás. Es tradición pura. Pero en la sociedad actual de ocio, en el que todo debe ser divertido y ameno, la carrera francesa sigue siendo la preferida sobre cualquier otra del calendario y eso que en dosis de emoción ha decaído en los últimos años. Solo un dato, desde 2011, en el Tour de Francia que ganó Cadel Evans a Andy Schleck en la última contrarreloj, no ha habido ningún cambio de líder en las ocho últimas jornadas. Es decir, que todo acabó como se preveía a mitad de carrera. Unos años con intentos de cambiar las tornas, y otros incluso sin ellos.

Si miramos a sus dos directas competidoras en vueltas de tres semanas, el Giro y La Vuelta, ha sucedido todo lo contrario en sus últimas ediciones. Alternativas, cambios de guión, ataques sorpresa y emoción hasta casi el último día, pero aún así, el Tour sigue siendo el Tour y ‘revienta’ las medidas de audiencia y seguimiento en redes sociales.

Si no vence en emoción, al menos en la última década, cual es la clave. La relevancia y la preponderancia. El Tour de Francia reparte cada año los ‘títulos mundiales’ del ciclismo. El que gana la carrera francesa es el mejor ciclista de la temporada, pese a que otros se lleven Vuelta y Giro, o Flandes, Roubaix y Mundial. Da igual. El Tour ha conseguido reunir en sus más de cien años de historia el prestigio que no tienen otras carreras. Y ese prestigio lo dan los rivales y no tanto el recorrido. 

En ciclismo ganar es muy complicado, pero también es más que relevante ante quién lo consigues y quién queda segundo y tercero. En el Tour, salvo lesión o enfermedad, todos los equipos alinean a sus mejores ciclistas y el que no va es porque no tienen opciones reales de victoria y prefiere reservar fuerzas para Giro y Vuelta. Por eso cada victoria en la carrera francesa, ya sea de etapa, en la general, cualquiera de las clasificaciones secundarias o subir a un podio, tiene un valor doble o triple para directores y aficionados y la relevancia en medios de comunicación multiplica a la de otras carreras (que al final es lo que interesa al sponsor).


Si repasamos la nómina de favoritos del Tour 2018 no falta casi ninguno de los líderes. Froome, Uran, Bardet, Quintana, Landa, Porte, Roglic, Dumoulin, Nibali, Yates, Martin, Jungels, Zakarin… A cualquier aficionado le gusta ver a todos estos ‘pelearse’ por la carrera. Luego ya la carretera pondrá a cada uno en su sitio.

Por eso el Tour provoca que cada año se analicen al detalle sus etapas unos meses antes y se hable en los grupos de amigos ciclistas sobre quién es el favorito o dónde se puede atacar para ganar la carrera. Después, la mayoría de ellos están pendientes de la televisión o de las redes sociales para saber que pasa. Que tu favorito pierda 20 segundos en una etapa llana de principios del Tour es una tragedia (incluso para los medios de comunicación) y es algo casi irrelevante en Vuelta  y Giro.

Incluso como es el mes de julio y la mayoría está de vacaciones es fácil hacer el ‘petate’ y encaminarte a ver el Tour en directo, a pie de cuneta, pese a que sabes que vas a tener que pasar horas y horas hasta que que llegue la carrera. Da igual, es un peaje que estás dispuesto a pagar.

No es el único. Si una etapa pasa por La Madeleine, Galibier y Alpe d´Huez eres capaz de pasar horas enganchado a la televisión porque tienes la corazonada de que algo va a suceder. No sabes qué, pero no quieres estar lejos y que luego te lo cuenten y no vivir la emoción en directo. Incluso te enfadas si los que están intentando quitar el maillot amarillo al líder no emplean la táctica que estás viendo clarísima desde casa.

El Tour, al final, provoca emociones y sensaciones en la mayoría de los aficionados mucho más intensas que cualquier otra carrera. Por eso lo siguen con más entusiasmo y asiduidad. Eso antes se traducía en horas de televisión, prensa y radio y ahora también en clicks y relevancia.  No olvidemos que el Tour se inventó como una aventura para que el diario L’Auto tuviera noticias que dar. Los ciclistas, los equipos, los patrocinadores, la organización y los medios de comunicación lo saben y continúan haciendo del Tour la carrera más importante del año para ellos. Círculo cerrado. 

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