El ciclismo de carretera siempre vivió al aire libre. Para recordar sus historias épicas había que echar mano de los libros y hasta hace muy poco tiempo era raro ver museos dedicados a nuestro deporte. Así que siempre se optó por rememorar lo que pasó, en el mismo lugar. Hitos, estatuas, placas, monumentos y la famosa Madonna del Ghisallo, la iglesia convertida en la patrona de los ciclistas. Aquí te repasamos algunos, pero hay cientos.

No hay una forma lógica de clasificar todos los recuerdos ciclistas que hay repartidos por las carreteras de media Europa. Eso sí, en los últimos años y con la moda del ‘selfie’ se han convertido en un reclamo para cicloturistas. El ‘yo estuve aquí’ triunfa en las redes sociales y ha rescatado algunos recuerdos que ya estaban olvidados.

ITALIA Y SUS MITOS

Quizás el país que más recuerda y ensalza a sus ídolos es Italia. Allí el ciclismo lleva siendo una pasión desde hace mucho y hay dos escaladores con nombre propio y leyenda similar. Ambos campeones, con una vida más que azarosa y de papel couché y además murieron jóvenes, lo que refuerza su mito. Son Fausto Coppi y Marco Pantani. Entre ambos hay más de una decena de monumentos en su honor (Pantani hasta tiene un museo propio) y no solo en Italia, sino también en Francia.

Para ‘buscar’ a Fausto Coppi puedes ir a la cima del Stelvio, donde tiene dos teselas diferentes. O al Passo Pordoi, en Dolomitas. Allí hizo historia al ganar un Giro que tenía perdido. O al Izoard por la vertiente de la Casse Deserte ya en Francia. A dos kilómetros de coronar tiene junto a Luison Bobet una efigie con su cara pagada por los lectores de L’Equipe.

Homenaje a Fausto Coppi en Pordoi
Homenaje a Fausto Coppi en Stelvio

Homenaje a Fausto Coppi en Izoard

La leyenda de Marco Pantani, por ser más reciente, es bastante más conocida. Fue el primer gran ciclista mediático y del marketing y sus dotes para la escalada, cuando ya dominaban los contrarrelojistas, enganchó a los aficionados. Su caída en desgracia y su posterior muerte le convirtieron en mito. En Cesenático, su ciudad natal, tiene una escultura. Pero muy cerca de allí, en el Cippo de Carpegna y en la subida a Montevecchio en Cesena, dos de los puertos que utilizaba para entrenar, están completamente dedicados a él. Más lejos, en el Mortirolo, tiene su monumento de hierro en el que no falta casi nunca un ramo de flores. Otro menos conocido, en Francia en Galibier, por la vertiente de Telegraphe, recuerda el ataque con el que descolgó a Ullrich en aquel Tour de 1998.

Monumento a Pantani en CesenáticoMonumento a Pantani en Montevecchio
Monumento a Pantani en Galibier
Monumento a Pantani en Mortirolo

El ciclismo en Italia, en sus inicios, estuvo casi radicado en la región de la Lombardía. No en vano el Giro de Lombardía tiene ya 111 ediciones, desde 1905. Su recorrido siempre va cambiando, de Lecco a Bérgamo, a Como, a Milán. Da igual. La región tiene dureza suficiente. Lo que sí es una tradición es que se ascienda la Madonna del Ghisallo, la montaña en la que se encuentra la iglesia dedicada a los ciclistas con maillots y recuerdos. Fue bendecida en 1948 y el último relevo lo dieron Coppi y Bartali, casi nada. Tiene un museo aledaño y fuera estatuas de Coppi, Bartali….

Y a solo unos kilómetros el Muro di Sormano recuerda en la carretera a todos los primeros en pasar por su cima y un poco más lejos, en Bérgamo, los interminables tornantis del Selvino rememoran a todos los ciclistas famosos de la región, Felice Gimondi incluido.

Madonna del Ghisallo
Subida al Selvino en Bérgamo


FRANCIA Y EL TOUR

En Francia el ciclismo es el Tour. Y casi todos los monumentos ciclistas del país galo están dedicados a la Grande Bouclé y a lo que pasó en ella. Solo Roubaix ‘escapa’ al dominio del Tour. La carrera francesa ha homenajeado a sus caidos. Tom Simpson que falleció en Mont Ventoux y Fabio Casartelli en Portet de Aspet tiene su recuerdo. También muy cerca de allí, en el Col de Menté, una placa recuerda la curva en la que Luis Ocaña se rompió la clavícula en su pelea por vencer a Eddy Merckx. Y en Pla de Adet otra placa recuerda la última victoria de Poulidor en el Tour.

El Tourmalet es uno de los iconos del Tour y en su cima está la estatua del ciclista (que no es otro que Octave Lapize, el primero en coronarlo), con la que es obligatorio fotografíarse cada vez que se hace cima. Durante el invierno la estatua se baja a una estación de servicio de la autovía y en junio se sube en ‘procesión’ ciclista hasta la cima. También hay un monolito dedicado a Jacques Goddet, director del Tour hasta 1987. En la carretera también hay dos recuerdos. Un cartel anuncia la Vía Fignon desde Bareges, después destruida por una riada. Y desde St Marie Campan se puede ver la placa homenaje a Christophe, que tuvo que reparar él mismo la horquilla de su bici y allí perdió el Tour.

Otro icono del Tour es el Galibier. Allí por la vertiente de Lautaret, Henri Desgranges, creador del Tour tiene su estatua. También Pantani, como explicamos más arriba. Y a muy poca distancia en Izoard cada kilómetro de su ascensión por la vertiente de la Case Desserte está dedicada a un escalador, de Bahamontes a Gaul pasando por Coppi o Merckx.

Recuerdo a Christophe. Tourmalet por Campan
Lapize, en Tourmalet

TERRITORIO CLÁSICAS

Lejos de las grandes vueltas la Clásicas de primavera son el material para la épica en Bélgica y Holanda (aunque también podemos incluir a Roubaix, al norte de Francia y pegado a la región flamenca de Bélgica, donde más se vive el ciclismo).

Roubaix, además del velódromo descubierto, que es un monumento en sí mismo. Tiene el adoquín gigante de la entrada y las vetustas duchas con sus ‘taquillas’ de cemento, que están dedicadas a cada uno de los ganadores del Infierno del Norte.

En Flandes es difícil no encontrar ciclismo por cada rincón de sus ciudades. Kapelmuur o Koppenberg son historia del Tour de Flandes y cada vez que un cicloturista pasa por el lugar se hace una foto con la capilla más famosa o con el cartel del muro más duro. Hay un museo dedicado a la carrera en Oudenaarde y muy cerca de allí la Ronde Van Vlandereen Straat. Es decir, la calle del Tour de Flandes. Tiene todos los ganadores pintados en el asfalto, fotografías de los más representativos (Boonen, Merckx, Musseuw o Van Looy) y una estatua al creador de la carrera.

En la región de Valona manda la Lieja Bastogne Lieja. En la cima del Stockeau, uno de los muros que se suelen subir, está la tesela que recuerda las victorias de Eddy Merckx. La Redoute tiene su propia placa de homenaje y el Muro de Huy, final de la Flecha Valona, está jalonado todo el año de pintadas y allí puedes ver la curva Criquielion.

Stockeau, homenaje a Eddy Merckx en Lieja Bastogne Lieja

Las míticas duchas de Roubaix.

Ronde Van Vlaanderen Straat, en Flandes.

ESPAÑA

En nuestro país La Vuelta nunca levantó las pasiones del Tour y del Giro, por eso es complicado encontrar monumentos ciclistas. En Guipuzkoa sí está Nuestra Señora de Dorleta, la patrona de los ciclistas y en su santuario se pueden ver maillots de cualquier época.

En la subida al Portillón, el puerto que da paso a Francia desde el Valle de Arán, se hizo un homenaje a los ganadores españoles del Tour y cada curva tiene una estatua recuerdo. Entre los ídolos, Indurain tiene su estatua/rotonda en Villava y solo hace unos meses se plantó de la Federico Martín Bahamontes en Toledo. Lolo Sanroma, fallecido en una caída durante la Volta, también tiene la suya en Almagro (Ciudad Real).

En la ascensión a Piedras Blancas, en Estepona, se hizo un monumento homenaje al ciclismo y, como curiosidad, la localidad palentina de Antigüedad creó su monolito a la caída de Lance Amstrong en la Vuelta a Castilla y León de 2009 en la que se rompió la clavícula.

Sí hay una ciudad volcada con el cicloturismo. Es Sabiñánigo. Allí cada rotonda está decorada con bicicletas y en el Pirenarium hay hasta dos monolitos que recuerdan que allí se celebra cada año la Quebrantahuesos, la marcha que reúne a más de 10.000 ciclistas.

Col de Portillon (Bossots).