La  Nove Colli es la esencia pura del ciclismo italiano. Primero porque es la ciclodeportiva más antigua con ya 48 ediciones celebradas. Segundo porque reúne de forma involuntaria a los dos mitos italianos, Fusto Coppi, el nombre del club organizador, y Marco Pantani, que nació en Cesenático (Emilia Romagna), lugar de salida y llegada de la marcha. Y tercero… porque en la Nove Colli tienes la opción de competir como si estuvieras en el Giro de Italia (en la QH) o tomártela con tranquilidad.

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Y es que la Nove Colli para los italianos es igual que la Quebrantahuesos para los ciclistas españoles. Una prueba en la que medir sus fuerzas y sus tiempos año a año. Aquí también hay clasificación y cajones de salida que premian a los más rápidos en ediciones anteriores y a los que llevan más participaciones.

Sobre el papel, 205 kilómetros y 3.780 metros de desnivel, no parece el recorrido más duro, pero si restamos los 25 kilómetros iniciales y los 15 últimos, que son totalmente planos, la cosa se complica, y mucho. Y es que la Nove Colli arranca en Cesenático al lado del mar, pero se adentra en los Apeninos de la Emilia Romagna y eso asegura desniveles típicos de esas etapas de ‘transición’ del Giro de Italia que acaban haciendo una escabechina en el pelotón. También existe la versión reducida de 130 kilómetros, con cuatro collis y unos 1.800 metros de desnivel.

La Nove Colli en Strava >

Para llegar a la Nove Colli hay que estar atento. Los 12.000 dorsales duran tres o cuatro minutos el día que se abren las inscripciones en el mes de noviembre (la cicloturista suele ser a mediados de mayo). Así de grande es el interés que despierta la marcha entre los ciclistas italianos y europeos. Después existen las opciones de los Touroperadores, que te organizan todo el viaje con dorsal y hotel incluidos en cualquier época del año. El destino más cercano para aterrizar, el aeropuerto de Bolonia, a una hora de Cesenático.

Conviene elegir un hotel cercano a la salida porque el domingo se parte a las 06.00 (Italia está más al este que España y amanece mucho antes) y todo lo que se pueda ahorrar de madrugón viene bien, aunque nada te libra de despertarte a las 04.30. A esas horas, cuando un italiano saludaba en el desayuno con un bongiorno le respondía con bona sera. En nuestro caso el Lungomare Bike Hotel Cesenático es perfecto, no solo por la cercanía, sino por comidas, alquiler de bicicleta… y en primera línea de la playa, que para recuperar siempre viene bien.

Al estar todos los cajones delimitados no hace falta llegar con demasiado tiempo en la salida. Cada tres minutos sale un cajón de los 10 en los que está dividida la ‘partenza‘. Eso sí, no hay que perderse al speakear animando con música a todo trapo, los fuegos artificiales de salida y el himno nacional italiano antes de dar el pistoletazo de salida.

Para los primeros kilómetros, totalmente llanos desde Cesenático a Forlimpopoli, Andrea Manusia, el jefe de Turismo en Emilia Romagna, me había puesto de ‘gregario’ a Alessandro Malaguti, que corrió en Androni y Vini Fantini, ahora es entrenador personal y además es de Forlí, por lo que conocía las carreteras a la perfección. Demasiado buen ciclista para un líder ‘globero’.

La idea de dar tres minutos entre pelotón y pelotón hace que el inicio sea menos peligroso de lo que se pueda pensar. Grupos grandes, si, pero carreteras amplias y huecos para adelantar si tienes fuerzas. Y en la Nove Colli los ciclistas aunque no tengan fuerzas quieren ir rápido así que no hay demasiadas diferencias de nivel. Pero si tienes un tren como el de Alessandro se hace todo más sencillo. A 45/50 por hora hasta el inicio de la primera subida.

Las ascensión a Bertinoro/Polenta destroza pelotones y no porque sea demasiado dura, sino porque la velocidad que se ha llevado hasta entonces hace que los más débiles empiecen a pagar su osadía. La subida son ocho kilómetros en total y como en el resto de colles tiene de todo. Rampa del 12% para empezar, tramos al 6/7%, descansillo y bajada y cuando crees que todo ha acabado, una nueva rampa de más de un kilómetro al 10%. Dureza y regalos en la misma ascensión.

Descenso rápido, con tornantis y carretera rota (aquí todos son así) hasta Fratta. Ideal para probar la Pinarello F10 montada en Durace y con ruedas Fulcrum Zero que me han alquilado en el hotel (con una máquina así es imposible poner excusas). Al llegar abajo el perfil marca 12 kilómetros llanos hasta Piandispino, donde empieza el segundo de los Nueve Collis anunciados. Error. No hay ni un solo centímetro plano. Ascenso continuo al 2/3%. Imposible hacer grupetta porque a la siguiente rampa se vuelve a romper.

La subida al Pieve de Rivoschio es solo la continuación de lo que ya íbamos ascendiendo. Otros ocho kilómetros con una media del 5% y alguna rampa perdida del 9%. Nuevo descenso rapidísimo y al llegar abajo el tercer colle. Ciola. Seis kilómetros con una media del 6% y una pared del 11%. Abajo llevo ya 86 kilómetros y 1.200 metros de desnivel y la sensación de que lo más duro está aún por llegar.

Allí empieza Barboto, el cuarto colle y el más significativo de la marcha. El Marie Blanque de la Nove Colli. Son 5,5 kilómetros con una media del 7% por ciento. Pero la trampa está en el último kilómetro, que es a una media del 18%. Un muro en mitad del puerto. Toca echar mano de los vatios y regular la Pinarello F10 al inicio para llegar fresco al tramo final. Ayuda la temperatura (todavía es temprano y tenemos unos agradables 18 grados) y los bosques de los Apeninos, que se van sucediendo desde la primera subida. La cima marca ‘sólo’ 507 metros de altitud, pero para empezar a bajar hay que salvar otros dos repechos más. Descenso y al acabar está el cruce de la marcha de 130 kilómetros. Hay ganas, así que seguimos para bingo en la de 205.

Antes hay que parar en el avituallamiento para la primera carga de líquido y comida. No hay problema de aglomeraciones porque los de cabeza no suelen parar y durante el recorrido hay hasta una docena de puestos de ‘ristoro’ como los llaman aquí. Son ya 105 kilómetros en las piernas, 1.800 metros de desnivel, cuatro de los nueve collis y un millón más con nombre desconocido.

El quinto y sexto colli, Monte Tiffi y Perticara, van prácticamente seguidos. El primero tres kilómetros con rampas duras y nada más coronar descenso y otros nueve kilómetros con dos falsos llanos y un rampón para acabar cerca del pueblo de Perticara. Se ve bonito… pero hoy solo hay tiempo de pedalear. En la bajada otros dos repechos ‘escondidos’ para seguir sumando metros de desnivel.

A partir de ahí, kilómetro 130, el tráfico empieza a estar abierto, aunque controlado por los voluntarios. En Nove Colli se siguen las mismas normas que en GF Strade Bianche o Il Lombardia. Los kilómetros iniciales son totalmente cerrados al tráfico para todos y a partir de cierto momento, cuando pasa el coche de ‘fine gara’ se abre el tráfico en sentido contrario y hay que tener cuidad. Si vas entre los 500 primeros y te estás jugando la victoria… lo tendrás siempre cerrado.

El séptimo colle es el más largo, nueve kilómetros, y el que más alto sube, 791 metros de altitud. Es Monte Pugliano el Portalet de la Nove Colli. Al llegar al pie se entiende perfectamente el italiano. ‘Tranquilos, que este es largo’, dicen en el grupo en el que marcho. Comparado con el resto es cierto, pero su dureza es contenida. Los primeros cuatro son de falso llano ascendente y sólo al final pica algo más. Hay que guardar fuerzas porque el octavo Siepi, está después de una bajada rapida y pese a que son solo cuatro kilómetros hacen que empiecen a doler las piernas.

 

En la cima segundo y último avituallamiento y a por el único tramo ‘llano’ en el que se puede formar grupetta, el que separa Siepi del último colle, Gorolo. Da tiempo a mirar el Castillo de San Leo, pero aquí pasa como en la QH… todos van guardando fuerzas a rueda y casi tienes que pedir por favor que alguien pase al relevo. Es lógico porque la última ascensión tiene miga.  Los números dicen que son solo cuatro kilómetros al 6%. Pero la realidad marca un kilómetro final al 17% en el que ya se ve a alguno andando. La pancarta de cima de colle no es el final de la subida. Todavía quedan media docena de repechos durante la bajada que rompen el ritmo a cualquiera.

Al llegar a Savingnano sul Rubicone la carretera se vuelve plana. Y ya está bien después de 3.780 metros de desnivel. Quedan los diez kilómetros finales que se viven con si fuese el Giro de Italia. Viento de costado. Grupetta enfilada. Tres repechos de autovía para romper el ritmo y las piernas de alguno. Y siempre un ‘satélite’ que ataca a un kilómetro de meta después de ir todo el llano a rueda. Cosas del ciclismo.

En meta hay sprint de grupo, música atronadora, medalla, pasta party y una feria de ciclismo con más de medio centenar de marcas representadas. Lo que no puedas comprar en la Nove Colli relacionado con el ciclismo.. es imposible encontrarlo en ningún otro lado. Y solo 500 metros mas allá la estatua homenaje de Cesenático a Marco Pantani. No se me ocurre lugar mejor para inmortalizar mi paso por la Nove Colli.

Los datos del Garmin dicen que he necesitado 7.00 horas para hacer los 205 kilómetros y superar los 3.780 metros de desnivel (ojo, que Quebrantahuesos son 3.400 metros de desnivel). En vatios, una potencia media ponderada de 200, que no está nada mal para los 58 kilos. Y en hambre, medio buffet del Hotel Lungomare.

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