De estar en peligro de extinción, a convertirse en una nueva moda. El Ciclocross en España ha dado un salto de calidad en los últimos años gracias a su olor antiguo. Lo que era un modalidad minoritaria a punto de desaparecer por la entrada del MTB a revitalizarse gracias al sentido vintage que siempre ha tenido el ciclocross.

El ciclocross siempre ha sido una modalidad dominada por los ciclistas del norte y el centro de Europa. Es lógico. La temporada alta es entre septiembre y febrero. En España todavía se pueden encontrar lugares para rodar con sol y a salvo del barro. En Bélgica, Holanda o la República Checa te tienes que acostumbrar a mojarte para poder entrenar. Así que dar el paso y meterse en un barrizal no es tan complicado. No en vano, nunca un ciclista español ha estado el podio de un Mundial absoluto de Ciclocross.

El mismo razonamiento lo podemos hacer sin salirnos de los límites de España. El ciclocross siempre se ha practicado más los lugares más frío y lluviosos. Galicia, Cantabria, Asturias y sobre todo el País Vasco. No en vano de los 75 Campeonatos Absolutos Masculinos que ha habido hasta ahora, en 53 de ellos el campeón fue vasco y de los restantes ediciones, seis fueron para el burgalés Talamillo.

Eso sí, es complicado encontrar en el podio absoluto a corredores que luego hayan brillado en la carretera. Solo Julián Berrendero en los inicios de la modalidad allá por los años 40 y Jokin Mújika, que incluso rozó un top ten en el Giro de Italia del 87. Aunque su camino fue a la inversa, porque solo brilló en el ciclocross cuando dejó la carretera a mediados de los 90.

Lo que sí es más sencillo es ver a buenos corredores de ciclocross que después, cuando dejaron el barro y se centraron en la carretera, consiguieron buenos resultados. Pereiro, Astarloa, Iban Mayo. Ion y Gorka Izaguirre o Zubeldia subieron al podio en júnior o sub 23 y brillaron en la carretera. Los sueldos y el rendimiento de los ciclistas españoles de ciclocross nada tiene que ver con los de belgas y holandeses, donde es una religión y algunos incluso jamás dan el salto a la carretera o lo hacen de manera marginal, como Sven Nijs.

El boom

Quizás la gran crisis del ciclocross en España llegó a finales de los 90 y en la primera década de siglo XXI. Su rival el MTB, que aportaba carreras muy similares pero no solo en la época de invierno, sino durante toda la temporada. Hubo trasvase y ciclistas que abandonaron el ciclocross y su peso se hizo incluso más residual. Sobre todo por razones económicas y de patrocinios, que se pasaron a la bicicleta de montaña, más ‘vendible’ a cualquier ciclista que la de ciclocross. Las consecuencias de este descenso se ejemplifica con el Ciclocross de Igorre, la referencia durante años y que llegó a ser parte de la Copa del Mundo para descender de categoría en 2012.

Justo ha sido a partir de 2010 cuando el ciclocross ha empezado a rejuvenecer y las pruebas y la relevancia de las mismas se ha multiplicado. Sirva como ejemplo el Campeonato regional de Madrid, que ha multiplicado sus pruebas de 6 en 2010 a las 12 de esta edición de 2018. Lo mismo ha ocurrido en Valencia. Otro de los lugares que no era habitual de Ciclocross y que ha dado al primer ciclista capaz de llevarse una medalla en los Mundiales, Felipe Orts, que fue plata en Sub 23 en 2017. Además de los últimos siete campeonatos de España, tres de ellos se han disputado en la Comunidad Valencia, Gandia, Segorbe y Valencia.

Las causas del aumento, sobre todo en regiones donde no es habitual el ciclocross, son diversas. Por un lado la incorporación a la disciplina de la categoría máster, mayores de 30 años, que al igual que en el resto de las disciplinas ciclistas es la que está llenando y duplicando las inscripciones en marchas cicloturistas y carreras de MTB.

Por otro la moda de lo vintage y del ciclismo urbano que llegó a España en el año 2010. La estética y las condiciones en las que desarrolla una carrera de Ciclocross recuerdan a muchos los años pretéritos del ciclismo, cuando solo había carreteras de tierra y todo estaba en blanco y negro. Además son pruebas de poco más de una hora de duración y similares a otra moda actual, los Red Hook de bicicletas fixie.

Y, por qué no, también la proliferación de las redes sociales. Lo que antes era una disciplina con poca visibilidad en televisión y casi nula en medios escritos ha pasado a aparecer en el timeline de Facebook, Instagram y Twitter de ciclistas que jamás habían sentido interés por el ciclocross y, sobre todo Youtube, donde pueden ver cómo se desarrollan las pruebas. Todo suma puntos. Todavía no para alcanzar a otros países donde es una fiesta, pero por ahora ha recobrado el buen camino.

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