Si algo ha cuidado siempre el Tour de Francia es su misticismo. Convierte las montañas en lugares épicos donde los ciclistas pelean por la gloria en forma de maillot amarillo. Puertos y etapas hay muchas, pero si tuviéramos que elegir una donde se unen historia y dureza, el 90% de los aficionados elegiría que pasara por La Madeleine, Croix de Fer (o Galibier) y Alpe d´Huez. Pues… en 2018 la tenemos.

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De vuelta a la historia y a sus orígenes. Cuando el Tour presentó su edición de 2018 dejó un guiño para la leyenda en forma de etapa reina. Era la número 12 y parecía diseñada por los aficionados a golpe de misticismo. Lugares de épica, 175 kilómetros, nada llano, cuatro puertos y 5.000 metros de desnivel acumulado. En nombres La Madeleine, Lacets de Montvenier, Croix de Fer y Alpe d Huez.

Por casualidades del destino pude pedalear por los cuatro hace solo una semana en mi viaje a los Alpes. Y si, es cierto, seis días antes de que el Tour pase por allí ya hay caravanas guardando sitio para recibir a la Grande Boucle. Un puñado en Madeleine, otro en Croix de Fer (en Lacets está prohibido) y más de un centenar en Alpe d’ Huez. Es lo que mueve el Tour de Francia.

La Madeleine

Después de 21 kilómetros de repechos la etapa llegará a La Madeleine por su cara norte. Es la más suave de las dos porque en sus 25 kilómetros sube 1.500 metros de desnivel a una media del 6,2%. Su ‘vecina’ de la otra vertiente asciende lo mismo en solo 19,3. Los números cantan. Aún así es un puerto de esos largos y con un desnivel sostenido entre el 8 y el 9,5%, salvo los dos descansillos y bajaditas de los kilómetros 10 y 22.

Desde que debutó en el Tour en 1969 se ha ascendido en 25 ocasiones sumando ambas vertientes, eso sí, siempre como puerto de paso hacia otras cumbres, jamás como final de etapa. Van Impe, Galdos, Perico, Virenque, Ullrich o Simoni son algunos de los ilustres que han ollado esa cumbre.

Perico lo hizo en 1984 en la etapa que le llevaba a la Joux Plane y Morzine y que estuvo a punto de ganar… de no ser por una caída con rotura de clavícula incluida a poco de meta. Pero fue en 1998 cuando Ullrich estuvo a punto de cambiar la historia. El día anterior Pantani le había arrebatado el maillot amarillo entre Galibier y Les Deux Alps y ese día el alemán intentó reventar la carrera de salida. Lo consiguió, pero no descolgar al italiano. Eso sí, al paso por La Madeleine la batalla estaba servida.

Lacets de Montvernier

Los Lacets de Montvernier es la única subida sin historia de esta etapa mítica. Pese a que la carretera está construida desde los años 30 del siglo pasado, que asciende 18 curvas de herraduras en solo 3,5 kilómetros y que está insertada entre La Madeleine y Croix de Fer, el Tour no se fijó en ella hasta la edición de 2015.

Parece ilógico por la búsqueda incesante que ha tenido la carrera francesa en su historia de ascensiones icónicas y bellas, que además de dar espectáculo ayudan a vender los paisajes de Francia. Pero Los Lacets permanecieron inéditos hasta que en 2015 Romain Bardet venció la etapa que acababa en Saint Jean de Maurienne después de que la subida de Montvenier fuese la última antes de descender Chaussy.

En números no es un puerto decisivo, 3,5 kilómetros al 8,5%, pero servirá para que no haya tregua desde el final de la bajada de La Madeleine en La Chambre hasta el inicio de La Croix de Fer en Saint Jean de Maurienne. Política de ni un kilómetro llano.


La Croix de Fer

No hace falta saber mucho francés para entender la denominación del puerto. La Croix de Fer se llama así por la Cruz de Hierro que hay en la cima. Al igual que La Madeleine siempre ha sido puerto de paso camino de Alpe d Huez o Galibier o cualquiera de sus vecinos. Se ha subido 15 veces en el Tour desde 1947 que lo hizo por primera vez en cabeza Carmellini, al que siguieron en los años sucesivos dos ilustres, Gino Bartali y Fausto Coppi.

Pero ojo, que la subida a La Croix de Fer histórica solo hay una, la que lleva desde Saint Jean de Maurienne por los túneles y desfiladeros hasta Saint Sorlin de Arves. Son 29,5 kilómetros a una media del 5,2%. Los cuatro primeros coinciden con el comienzo de La Toussuire, siempre por encima del 8%. El desvío a la izquierda permite soltar piernas para afrontar el segundo bloque, los seis kilómetros por los desfiladeros con rampas medias del 9%.  Un nuevo descansillo y bajada hasta el cruce con el Col de Mollard para afrontar ocho kilómetros suaves por la zona de los pueblos de Arves. Y es en los últimos seis, cuando ya llevas 23 de subida, cuando la ascensión se vuelve más excelsa. Rampas por encima del 8%, curvas y carretera estrecha y botosa hasta la cima a 2.069 metros.

Eso sí, hay múltiples opciones para llegar a la cima de Croix de Fer. Por el Col du Mollard existen dos diferentes y vía Glandon otras dos, pero la histórica es la que subirán en esta etapa del Tour.

Para la historia de la Croix de Fer queda aquel Tour de 1986, el de la batalla entre LeMond y Bernard Hinault. En esta etapa ambos firmaron la paz ‘ficticia’ en Alpe d’Huez pero ya habían pasado por La Croix de Fer destacados y sin rivales a la vista.

 

Alpe d´Huez

Y si hay algún lugar en el mundo donde el Tour se sienta cómodo es Alpe d’Huez. Quizás su montaña más icónica. Por allí ha pasado la carrera en 30 ocasiones… y en 29 de ellas fue final de etapa. Solo en la edición de 2013 fue puerto de paso por primera vez para descender por La Sarenne y volver a ser meta. Dos Alpe d’ Huez seguidos.

No apareció en el Tour hasta 1952, cuando ganó allí Fausto Coppi. La carrera francesa se olvidó de él 24 años, pero desde 1976 rara es la edición en la que no hay un final de etapa en sus 21 curvas, incluso en 1979 hubo dos. Se repitió de forma consecutiva siete veces, del 86 al 92 y en 2004 fue cronoescalada.

La historia de sus 21 curvas lleva el nombre de cada uno de los ganadores en su cima. La leyenda decía que salir vestido de amarillo de la cima aseguraba el primer cajón del podio de París… hasta que el 1987 Pedro Delgado la rompió después de perder esa edición ante Stephen Roche. Desde entonces también se ‘exige’ ganar una contrarreloj.

Su dureza arranca en los dos primeros kilómetros, con rampas del 13% en las rectas. Las curvas ayudan a bajar el desnivel, pero los descansillos son tan livianos que siempre estás por encima del 6/7%. Al final son 13,8 kilómetros a una media del 8% y eso que en los tres últimos baja la pendiente hasta el 5%.

En sus rampas se han producido tantas historias que haría falta una serie de 20 capítulos para contarlas. Pero quizás las más recordadas por los aficionados españoles son las de 1995, en la que Indurain reafirmó su quinto Tour durante la exhibición de Pantani, que ascendió Alpe d Huez en un tiempo récord de 36,40 (todavía no superado) y la de 2008, que supuso el triunfo de etapa y en la general de Carlos Sastre después de atacar en la primera de las 21 curvas, un sueño para cualquier ciclista.

 

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