La Vuelta a Burgos 2020 era el banco de pruebas para el ciclismo profesional. La primera gran carrera después del cierre del mes de marzo causado por el coronavirus. Organizadores, autoridades, equipos y ciclistas contenían la respiración para ver qué podía pasar. Tras cinco días de competición se saldó con dos sustos epidemiológicos y la confirmación deportiva de que Remco Evenepoel va para estrella. 

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Y es que ahora las carreras ciclistas hay que verlas desde las dos perspectivas. Por una lado las medidas de seguridad, higiene y restricciones que provoca el coronavirus, y por otra la deportiva, que a veces se ve afectada por la primera. Lo mejor de esta Vuelta a Burgos es que pudo transcurrir con normalidad. Bueno, la normalidad de ahora, que ya es mucho decir.

No se privó de dos sustos que hicieron saltar las alarmas. El primero en el Israel Cycling, que retiró antes de empezar a Einhorn y Dowsett porque habían estado en contacto con un contagiado. El segundo la decisión del UAE Emirates de dejar fuera, por precaución, y antes de la segunda etapa a Sebastián Molano, Cristián Muñoz y Camilo Ardila. La razón, la misma, habían estado en contacto con un contagiado. Los análisis posteriores de los cinco resultaron negativos, pero ante la duda se optó por la prudencia.

Esa fue la tónica de toda la Vuelta a Burgos. La organización tuvo que implementar todos los protocolos de la UCI para poner en marcha carreras ciclistas en época del coronavirus. Van desde los test pcr negativos presentados como máximo tres días antes de la prueba a todo el personal acreditado. Es decir, desde ciclistas a auxiliares, jueces, motoristas, periodistas, voluntarios… al uso obligatorio de mascarillas en cualquier lugar o a la prohibición de hacer entrevistas cara a cara a los ciclistas.

Los protocolos no quedan ahí. El ciclista solo se puede quitar la mascarilla en carrera. Antes de empezar y justo al acabar la debe llevar puesta. El público también, y para acceder a la zona de salida tiene que lavarse las manos y hay un aforo limitado . Los ciclistas también deben lavarse las manos antes de subir al podio en la presentación y medir su temperatura con un termómetro. Y claro, nada de dar la mano. Los saludos, entre todos, como mucho con el codo.

Y las medidas siguen dentro de los hoteles de los equipos, en los que se procura el mínimo contacto con el resto de los clientes e incluso con los otros equipos. Y, claro está, algunos ya han empezado a tomar medidas extra, como Astana, que comunicó que prohibía cualquier entrevista presencial hasta que pase la pandemia. Porque, cualquier sospecha puede dejar a medio equipo fuera, ya sea la Vuelta a Burgos…. o el Tour de Francia. Y es que hasta la carrera francesa estuvo presente en Burgos para tomar nota de cómo se desarrollaba todo.

Sobre la carretera y con todos los aficionados del mundo pendientes de Burgos, el ciclismo vivió la confirmación de que Remco Evenepoel va camino de ser una estrella. El ‘flamenco’ tiene cualidades suficientes para hacer historia, aunque todavía le falta afinar la puntería y guardar fuerzas. La exhibición contra el viento en la primera etapa le sirvió para salir en la tele y levantar la pasión en las redes, pero lo acabó pagando en la subida al Mirador del Castillo de Burgos. Sorprendió Grosschatner, al que nadie esperaba como ganador. También su compañero Almeida, neoprofesional y que demostró después que aquello no era casualidad. Valverde, Landa y Aramburu completaron el primer Top 5. Remco se conformó con ser décimo.


La verdadera exhibición de Evenepoel llegó en el Picón Blanco, la primera llegada en alto. Fue en la tercera etapa, después de que en la segunda Gaviria fuera el más listo (y rápido) en el sprint. El alto que separa la provincia de Burgos de Cantabria tiene siete kilómetros finales bestiales, con rampas siempre por encima del 10% y tramos al 12 y al 14%. Es un puerto de escalador puro. Por eso se movió Chaves, peso pluma. Y rindió bien Bennet, con más huesos que músculos. Y Landa remontó hasta acabar tercero. Inclusos Carapaz dio muestras de calidad. Pero cuando a falta de dos kilómetros arrancó Evenepoel nadie le pudo seguir. Es más, ni siquiera hicieron el intento.

Los números en el Picón lo dicen todo. Bennet, que recuperó al final, a 18 segundos. Landa a más de 30, igual que Chaves. Almeida a 45. Aru y Yates a más de un minuto, y Valverde, que por edad podría ser su padre, a más de dos minutos. Los de la edad de Remco, bueno, los de su generación, porque Roger Adriá es dos años mayor, se tuvieron que conformar con meterse en la escapada del día y hacer un etapón, pero sin opciones reales de victoria. Ahi esta la diferencia.

Al día siguiente ganó el otro Bennet, el del Deceuninck. Y en la última jornada, con el final en las durísimas Lagunas de Neila, se volvió a ver otro de los pequeños matices que le faltan por pulir al belga. Es cierto que la clasificación general nunca estuvo en peligro, pese a que Mikel Landa arrancó desde el inicio del puerto. Evenepoel respondió con solvencia y junto a Iván Sosa y Chaves cerraron el hueco del vitoriano. A dos kilómetros para acabar estaban los cuatro en cabeza con Almeida intentando llegar a ellos para echar una mano a su compañero. Táctica perfecta. Pero Remco aceleró en el peor momento, justo con el portugués conectando. Reaccionaron Landa y Sosa, le atraparon y el colombiano acabó llevándose la etapa y dejando al descubierto 10 segundos de debilidad del belga. Lo mejor, el apunte de Landa en meta. “Hay que apretar antes de que los jóvenes adquieran experiencia”. Resumen perfecto de la Vuelta a Burgos más esperada.

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