Cuando se pasa la penúltima línea de meta de una Vuelta se liberan muchas tensiones. Todas si no has programado la organización una contrarreloj para el último día. En La Gallina andorrana la adrenalina bajó a los niveles normales. El pelotón se relajó y para la última etapa, con salida en Alcorcón y meta en La Cibeles de Madrid casi todo era distinto. Relax, sonrisas y ganas de fiesta.

Este año en la etapa de Madrid le tocaba ‘pringar’ a una parte muy reducida del pelotón. Con la general decidida y sin segundos de bonificación de por medio todo era cosa  de los equipos de los sprinters, Quick Step, Bora, Trek y Bahrein Mérida, y los que tuvieran ganas de meterse en la fuga. Para el resto, sonrisas y a superar una gran vuelta por etapas que ha acabado haciéndose más dura de lo que parecía.

Madrid es la liberación de tensiones. No solo de las tres semanas de competición, sino de los meses anteriores que requieren preparación y dedicación exclusiva. Para algunos la meta de Madrid supone casi el final de temporada. Para otros queda todavía el Mundial y alguna clásica (Lombardia y París Tours) pero el gran trabajo ya está hecho.

En la salida de Alcorcón caras más relajadas que nunca, sonrisas y estrenos. El Cannondale lanzó su modelo System Aero con freno de disco, el Mitchelton Scott vistió de rojo el autobús, las bicis y equipaciones de los compañeros de Simon Yates. Había tiempo para pasar por el Village Depart después del control de firmas. De tomarse un café Segafredo y charlar con los compañeros de pelotón. De firmar todos los autógrafos del mundo y hacerse selfies con quien lo pidiese. De reconocer que hay puertos en Andorra que no van a volver a subir a no ser que sea en competición.

Los primeros kilómetros hasta llegar a Madrid son los del champagne y el relax. La primera vuelta por la Castellana la del homenaje al equipo del líder y a Igor Antón, que colgaba la bici después de más de una década de profesional. Después a volar a más de 60 por hora, como si les entrasen las primeras por terminar la fiesta. La escapada que sabe que tiene pocas opciones para llegar, el intento a última hora de Iván García Cortina (que ya en la salida nos lo había avisado) y el sprint más ancho de toda La Vuelta que confirmó a Viviani como el dominador de la velocidad de esta edición y dejó a Peter Sagan en blanco.

Precisamente el eslovaco ha sido una de las grandes atracciones de esta Vuelta. No le ha hecho falta ganar ninguna etapa para ser el más reclamado por los fans en la zona de autobuses. Sale a una media de un centenar de selfies por etapa y es raro que se niegue a ninguno. El aplausómetro de Madrid eligió a Valverde como el fan de la afición española, en reconocimiento por sus años de ciclismo, y a Nairo Quintana como el elegido de los colombianos, pese al podio de Miguel Ángel López. Incluso ya había quien reconocía a Enric Más, que empezó La Vuelta casi como un anónimo del pelotón para el público generalista y la acaba convertido en la esperanza del ciclismo español.

La meta de Madrid también es punto de encuentro. Puedes ver a Iván Basso con Alberto Contador, a Vicente Belda charlar con Eusebio Unzue, a Virenque entrevistar a Pinot, a Flecha preguntar a Valverde y a casi todos los ex ciclistas que viven en Madrid y a algunos agentes empezar a negociar el futuro de sus ciclistas con otros equipos.

También es el de la celebración. La del Euskadi Murias Taldea, que acaba su primera grande con el equipo completo y una victoria soñada. La de Simon Yates, que comienza a sonreir vestido de rojo (pocas veces se le veía así en la zona  mixta). La de Valverde, que bate el récord de la regularidad en la Vuelta de Jalabert y Kelly. La de Miguel Ángel López que se sube a su segundo podio esta temporada. La de Thomas DeGendt, que subió al podio por su insistencia en vivir en fuga o de la Bauke Mollema, que tiró tantas veces al palo que se acabó llevando el premio al más combativo. Las de Nibali y Porte, que empezaron La Vuelta con dudas sobre su estado físico y han acabado llegando a Madrid.

Y la de las reflexiones. Sobre todo la de Nairo Quintana, capaz de reconocer que pese a poner todo su empeño no estuvo bien y que volverá al Tour, aunque todavía no sabe con quién.  La de Valverde, que en la derrota agradeció el apoyo del público. La de Enric Más, que no se cansa de repetir que él no es Alberto Contador y que trabajará para Valverde en el Mundial. La de Yates, que todavía no se creía que estaba vestido de rojo.

Y después de la ducha, la de la fiesta, la de poder comer cuanto quieras, la de relajar y celebrar que han acabado una batalla de tres semanas.

LAS IMÁGENES DE LA ÚLTIMA ETAPA DE LA VUELTA