Ya sabemos que los proyectos relacionados con la bici no necesariamente implican a Peter Sagan y ropa de lycra. El mundo ciclista es tan vasto y diverso que las bicicletas se convierten incluso en parte de instalaciones de arte, de performance y, ocasionalmente, su función estética es valorada por encima de sus capacidades de transporte.

 

Esto nos lleva al terreno donde nació el Cyklomatofon, aunque no estamos seguros de dónde queda exactamente este terreno. El colectivo checo de artistas llamado Bamboo Element se especializa en crear instalaciones de bambú a gran escala que pueden ser vistas en pequeños festivales no comerciales en la República Checa y a nivel internacional, además de otros eventos comunitarios. En sus propias palabras: “Nos esforzamos en coger nuestra imaginación y sueños y convertirlos temporalmente en objetos tangibles. Nuestras creaciones a veces existen sólo durante unas horas o días y después son desmontadas de nuevo en piezas, en un ciclo inacabable de creación y destrucción“.

 

Hace un año aproximadamente, intentaron crear algo más móvil e interactivo y, de momento, puedes hacerte una idea del resultado. Desde la primera prueba en el Freeze Festival de la República Checa cuando la creación funcionaba parcialmente, la Cyklomatofon evolucionó en esta especie de colosal mastodonte que emite llamas y ruido, y que cuenta incluso con su fabulosa corte de acompañantes. Si, lo has leído bien, la bici de recreo del demonio incluye un lanzallamas de serie, además de todos los apéndices musicales y las pilas de trompetas porque ¿por qué no?

Los autores los describen como un “enorme triciclo mutante para 4 tíos en el que 3 pedalean y el 4º pedalea para darle energía a la música. Es una combinación de percusión alimentada de manera electro-mecánica y con muchas luces”.

La forma final del proyecto fue posible gracias al apoyo de la Burning Man Arts Foundation, y esperamos poder verla de nuevo en festivales de espíritu libre por todo el mundo.