Ver a esta mujer corriendo significaba ser testigo de la esencia encarnada de la competitividad. Yvonne Reynders tenía un objetivo simple: ganar. Todo su trabajo estaba en esa tarea en particular. No habia falsa humildad ni dudas en su mente. Era una extraordinaria corredora con un objetivo claro.

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Yvonne nació en 1937 hija de unos comerciantes de carbón. A los 15 años, recibió una bicicleta de carga y comenzó a trabajar como repartidora de carbón. ¿Cual es ese trabajo? Básicamente, la descripción de su trabajo coincidía con la de un repartidor de pizza. La diferencia radicaba en tener que distribuir carbón en sacos de unos 10 kilogramos de peso. Algunos de los clientes vivían en los pisos superiores de sus casas y seguramente no iban a ayudar a llevar la carga arriba. Por lo tanto, para reducir el tiempo y evitar tener que correr de arriba a abajo varias veces, Reynders solía cargar con cinco de ellas a la vez. Menudo entrenamiento ¿eh?

En el verano, cuando las horas de trabajo se acortaban (no había mucha necesidad de carbón en clima cálido), Yvonne solía conseguir una bicicleta de carretera y se dedicaba a su entrenamiento. Eso significa hacer 140 km antes de acostarse. Al mismo tiempo, sacaba horas para el atletismo y ganó un campeonato de lanzamiento de disco tras otro.

Yvonne Reynders (left) and Elsie Jacobs.

 

La era dorada del ciclismo femenino, llamada la “locura de la bicicleta”, en la que las mujeres corredoras compartían el centro de atención con los hombres, había pasado hace mucho tiempo. Sólo duró un par de años (1895-1902) y en la adolescencia de Yvonne, las carreras eran sólo para hombres. Pero en la década de 1960, llegó la gran noticia: las carreras femeninas volvieron y Reynders decidió arriesgarse. Desde entonces, tanto sus piernas como su carrera fueron de lo más efectivas. Reynolds siguió ganando un carrera tras carrera. En los años 60, ganó siete campeonatos mundiales. Todo por amor al arte: en aquel entonces el ciclismo no era una disciplina rentable. De hecho, Yvonne tenía que trabajar en turnos nocturnos para poder entrenar durante el día.

Su mayor rival fue la famosa Beryl Burton de Gran Bretaña. Ambas eran invencibles en sus propios países. Pero cuando se encontraron en los campeonatos del mundo, se repartieron los titulos de forma bastante pareja. Mientras Burton dominaba la persecución de los 3.000 metros, Reynders se llevó cuatro medallas de oro en las carreras en carretera y tres más en la pista.

El cese de su carrera en las carreras se produjo en 1967, cuando Yvonne dio positivo. Hasta hoy se declara inocente y sugiere que los resultados fueron falsificados: la carrera tuvo lugar en Holanda, y todas las ciclistas que dieron positivo eran belgas. Se suponía que su suspensión duraría tres meses, pero Reynders decidió dejar la competición. Durante diez años, no hubo noticias de la gran ciclista en los periódicos, ni rastro de ella en ninguna carrera.

Sin embargo, a la edad de 39 años, Reynders regresó y ganó la medalla de oro del campeonato nacional. Tal vez por los viejos tiempos, la ex campeona del mundo también se inscribió en un campeonato mundial y amplió su colección de medallas con una nueva y brillante de bronce. Esperemos que eso haya sido al menos una satisfacción por la acusación que sigue percibiendo como una gran injusticia. En estos días Yvonne vive con su pareja y muchos animales al este de Amberes.

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