El desencadenante de la gran batalla de la última etapa de la Itzulia 2021 fue un detalle, como casi siempre en el ciclismo. Ataque de Astana en la bajada a Gorla, a 70 de meta, y Vingegaard deja abierto el hueco para que entre Roglic, pero no Pogacar y McNulty (entonces líder). A partir de ahí, los del UAE solo vieron a Roglic en la distancia, que fue muy poca en el falso llano de Krabelin, pero suficiente para que no se produjera la reunificación, McNulty explotase y Pogacar no tuviera opcion de atacar a su compatriota.

Y es que Roglic y Pogacar llevan casi un año peleando entre sí, porque  en La Vuelta 2019 fueron más ‘compañeros’ que rivales en su lucha por el podio. Ambos inauguraron la era ciclista post confinamiento en junio de 2020. Era el campeonato nacional de Eslovenia, pero después de meses sin ciclismo en directo su retransmisión se vivió con la expectación del Tour. No sabíamos que el duelo iba a ser el mismo que el de la Grande Boucle tres meses después.

Desde entonces cada que vez que han coincido en carrera en equipos rivales (solo corrieron en el mismo en el Mundial) se han medido las fuerzas. Ya sabemos lo que ocurrió en el Tour de Francia y unas semanas después en Lieja Bastogne Lieja. En este 2021 se había medido en la distancia. Roglic dominando París Niza hasta la caída del ultimo día y Pogacar controlando la Tirreno Adriático frente a los Van Aert, Alaphilippe y Van der Poel.
Ambos renunciaron a La Volta y lo aprovechó Ineos (triplete de Yates, Porte y Thomas), así que la Itzulia iba a ser en 2021 la primera ocasión de medir fuerzas entre ambos, pero con alternativas de la talla de Landa, Yates, Izagirre (último ganador) y Valverde (recuperado tras ganar en Estella y hacer cuarto en La Volta).

ROGLIC SIEMPRE POR DELANTE

El primer escenario de batalla era una crono corta, 14 kilómetros, pero dura por los repechos de Bilbao. La idea de la organización era dejar abierta la general y que cada uno mostrase sus fuerzas desde el primer día. Lo consiguió. Se vistió de líder Roglic con solo dos segundos sobre McNulty (UAE) y 18 a Vingegaard (Jumbo). Ambos se convertirían después en actores secundarios de la película, pero aquello solo era el prólogo. Pogacar se había dejado 28 segundos, los mismos que Yates (Ineos). Demasiados para una vuelta de solo seis etapas y que fueron el arma perfecta para la táctica de Jumbo Visma.

Al siguiente día se subía La Asturiana camino de la meta de Sestao. Ya saben, en Euskadi es fácil hacer recorridos sin un metro llano y eso los ciclistas los saben aprovechar. Y más si salen dolidos de la crono del día anterior y han ganado el Tour solo hace unos meses. Pogacar lo intentó dos veces y Roglic, para defenderse, otra. Se reagruparon todos antes del repecho final de Sestao y solo Aranburu se salió del guión para llevarse un triunfo que llevaba toda la temporada mereciendo.

El cara a cara más claro entre Roglic y Pogacar se vivió en la ascensión final a Ermualde, con rampas del 12%. Ambos se olvidaron del resto de los 180 ciclistas del pelotón, entre otras cosas porque ninguno pudo salir a sus cambios de ritmo. Abrían huecos con aparente facilidad y solo los Landa, Yates, Valverde y compañía eran capaces de cerrarlos cuando levantaban el pie para controlarse. Podrían haber metido un minuto al resto si hubiesen colaborado, posiblemente, pero la carrera no habría sido tan divertida.

Después de comprobar que no eran capaces de soltarse uno a otro esperaron al repecho final para abrir gas y marcharse en solitario. Remató Pogacar, pero el único premio fue la bonificación por ganar. Insuficiente para intimidar todavía a su compatriota. Por detrás, Valverde, Yates, Landa y Gaudu a solo 5 segundos en la etapa, pero muchos más en las sensaciones.

LOS SECUNDARIOS

Para las tres etapas siguientes de la Itzulia 2021 parecía que todo iba a quedar en una batalla a dos cartas. Roglic o Pogacar. Pero en la bajada de Erlaitz camino de Hondarribia entraron en la escena dos actores secundarios que solo habían brillado en la crono.  Vingegaard (Jumbo Visma) y McNulty (UAE) se fueron para delante con un grupo con Astana, por detrás  Jumbo Visma, que tenía gregarios, no se preocupó de cerrar el hueco con McNulty y el americano se vistió de líder en la victoria de Izagirre sobre Peio Bilbao. ¿Táctica medida de Jumbo o descuido?

Camino de Ondarroa en la exhibición del Deceuninck Quick Step no se resolvió la incógnita, así que todo quedaba para la última etapa, 110 kilómetros, siete puertos de montaña, ni un centímetro llano y final en el mítico Arrate. Y esta vez, sin agua ni frío. UAE tenía que defender las ventaja de McNulty, 23 segundos sobre Roglic y 28 a Vingegaard, con Pogacar a 43 como gregario de lujo.

La carrera se le escapó bajando. Aranburu, que se había destapado como un excelente bajador el día anterior en San Miguel (hizo pasar problemas a otro especialista como Omar Fraile) provocó el corte. Su idea, que Izagirre pudiese llevarse la etapa, pero consiguió que se metieran a rueda Valverde, Mikel Landa y Primoz Roglic. No entraron ni Pogacar ni McNulty y se encontraron con el peor escenario posible. 15 kilómetros llanos, con un grupo amplio por delante, con varios equipos (Astana, Movistar y Bahrein) con gregarios interesados  en trabajar para que la escapada ampliase ventajas y con solo Pogacar para defender a McNulty (Hirchi, que iba por delante, solo pudo trabajar un par de relevos).

En ese llano tuvieron a Roglic a golpe de vista. 200 metros, 10 segundos, un cambio de ritmo. Pero no llegaron a cerrar el hueco. Tampoco al inicio del durísimo Krabelin, cuando Pogacar abrió gas y solo consiguió hacer explotar a McNulty. El americano ya no se recuperó y Pogacar tampoco pudo alcanzar a Roglic, que acabó dejando por el camino a Valverde y Landa pero encontró el apoyo de Carthy y Gaudu, dos con lo que nadie contaba pero que acabaron ayudando de forma inestimable a Roglic. Sobre todo el francés, ‘gregario’ de esloveno en la subida final a Usartza.