Lo bueno del ciclismo es que no solo se dedican horas a pedalear, sino que hacen faltan otras tantas para conversar. Preparación, sueños, retos y recuerdos. Horas de charlas entre amigos ciclistas que siempre suelen estar rodeadas de un buen café. Los míticos bares en los que paraban las peñas ciclistas a ‘echar el café’ han dado paso a un concepto más moderno y urbano. La cafetería de temática ciclista llegó a España hace un lustro y parece que va a quedarse.

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Una vez más nos ha tocado ir a rueda de la cultura ciclista de otros países. Las cafeterías ciclistas en Flandes son una tradición desde hace más de medio siglo. Allí los aficionados se reunían en sus terrazas a ver pasar los criteriums y durante las grandes vueltas a seguirlas por la televisión o la radio.  Incluso existe un libro con todos los cafés ciclistas de Flandes con más de un millar registrados. Ese ciclismo de antaño y con olor a maillots de lana rejuveneció hace diez años con la moda hipster y vintage.

El paso se empezó a dar en ciudades como Amsterdam o Gante. Tradición ciclista y jóvenes dispuestos a ir en bici a todos los lugares de la ciudad. Los cafés ciclistas se convirtieron en un lugar donde reunirse, arreglar las bicis, guardarlas, charlar sobre ciclismo e incluso tomarse unas cervezas, y todo rodeado de bicicletas, manillares, ruedas, maillots o sillines como parte del atrezzo.

Con la idea lanzada, llegaron las grandes marcas y la explosión del ciclismo en el Reino Unido gracias a Bradley Wiggins. Ciclista e icono hipster a partes iguales. Bianchi montó su cafetería temática, Rapha hizo lo mismo… Al final la idea era combinar café, tienda y taller de reparación y venta.

En España La Bicicleta Café abrió el camino en Madrid. Quique y Tamy, los promotores de la idea, venían de conocer este tipo de cafés por el resto de Europa. Amantes del ciclismo en todas sus variantes solo necesitaban dar un paso de financiación para comprar una buena máquina para hacer café. Modelo actual. Campaña de crowfunding con ciclistas invirtiendo para tener un ‘garito’ propio. Funcionó y abrió sus puertas hace ya un lustro en Malasaña, en el mismo corazón de la capital. Allí te puedes tomar la ensalada Contador o el bocata Fausto Coppi. Y para entrar al baño tienes que ‘pedir permiso’ a Bernard Hinault. Su gran ventaja es que puedes guardar la bicicleta dentro del local, una idea que han ido copiando el resto de locales.

Su idea está bien explicada en la página web “Nuestro espacio nace de la pasión por las bicis, el arte y el café a partes iguales.  A partir de aquí nuestra intención es convertirnos en un lugar con personalidad, con concepto y con alma. Queremos ser un sitio al que apetezca entrar. Y quedarse (mucho rato). Y volver (muchas veces)”.

Ha conseguido reunir a casi todas las ‘tribus’ ciclistas. Carreteros que salen a entrenar desde allí los domingos, urbanos que pasan a tomar un café o una cerveza por la noche, especialistas en fixed que van a disputar sus goldsprints. Ser sede de presentaciones de libros ciclistas, documentales, cicloturistas, carreras, eventos y de las retransmisiones del Tour de Flandes o Tour de Francia.. Incluso recibir la visita de ilustres como Perico Delgado (que es la contraseña de su wifi) para grabar programas de televisión.

Con un concepto similar nació en Castellón La Bicicleta. Ideada por el ex ciclista Kiko García, quizás una de las mentes más lúcidas y valientes del pelotón. Primero como cafetería ciclista con una cuidada decoración y una carta con guiños al ciclismo y después con una estética rompedora a la hora de crear sus maillots. El paso siguiente ha sido montar una tienda con todas sus creaciones.

Foto. La Bicicleta Castellón

Barcelona reúne quizá el mayor número de cafeterías ciclistas. Allí el ciclismo urbano lleva implantado desde hace años y los ciclistas han ganado poco a poco espacio en el mercado cafetero.  The Bike Club fue el impulsor. Primero como taller y después como cafetería. El Orbea Cycle Coffe, con Cafés de Finca a la cabeza, tiene hasta variedades de cafés del mundo. El On y Va no solo tiene local ciclista, sino hasta carrera propia, la Honor Race. Y en  El Ciclista tienes horarios más nocturnos, con cockteles, cervezas y música en directo.

También los propios ciclistas se han lanzado a crear cafeterías con su propia temática. En Gerona está La Fábrica, , un auténtico centro de reunión de todos los profesionales que viven allí y que llegaron después de que Lance Armstrong montase su centro logístico en la ciudad. Lo creó el ciclista canadiense Christian Meier, que llegó a la ciudad de la mano del Garmin de Jonathan Vaugthers y actualmente corre en el Orica australiano, que también tiene su base en Gerona. Markel Irizar también tiene su propia cafetería ciclista en Oñati, su ciudad natal. La llamó Bizipoz, como le conocen en el pelotón. Y allí es raro el día que no hay ciclismo por la televisión.

Foto: La Fábica

Un rara avis es La Terraza, en Playa de Palma. Allí los dueños holandeses reúnen maillots de cientos de equipos y peñas ciclistas que han ido a la isla a entrenar. Eso sí, son más de cerveza que de café. En Mallorca sí se han instaurado los bares bike friendly, que invitan a los ciclistas a dejar la bici en un lugar seguro durante la parada del entrenamiento. No solo allí, la costa alicantina y la catalana están siguiendo el mismo modelo de atraer al turista en bicicleta con facilidades y buenos precios.

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